Recorro lo que recorro y doy al mismo
sitio de partida y de retorno.Al techo de agua que es tu frente
de color indeterminable.
Flameamos y el entorno calla:
Quemamos y miramos a los nombres
filigranas de fuego que se enlazan
en la cara abatida del segundo.
Una sola lozanía casi apacible,
una renuencia de reincidencias largas.
Dos transfugas que rehuyen a su fuga
en la orla que borda a la alameda.
Como revolución de vientos te recuerdo
atrapada en tu piel de cobre, sufro,
lo que la gota que se hace sollozo
y que cae como olas de los llantos.
Vez mis ojos borrados y los cierras,
abres mis ojos con tu jaguar dorado.
Tigresa de tristes desvestidos,
atraviesas la marea y te aferras
al mismo cántaro en que pienso
sueños de pájaros y nos dormimos
en el pajar que cabe en una aguja,
en el instante que cabalga un reflejo.
Fragmentada hacha de cielo, vértigo
donde consigo beber algo sonoro.
Llevo tu retrato, mi tigresa,
caigo en tu foto lo mismo que el suelo,
me levanto y te miro ya mirada
y te admiro más que mi mirada íntima.
Infinita manzana que me copa
de líquidas caricias sin tumulto.
Dulce vocablo que hablo a veces
haciendome tartamudear o dar un trino,
cuando encandilas, ser enamorante,
paraíso de colmenas y duraznos
que caen a mi boca con tu rímel.
Tú y tu aspecto de verbo palpitante,
pulpa madurada muerdo el fruto
y la Tierra gira amenazada
por tus mejillas de color cobalto.
Vertiente paralela a mi vertiente,
dádiva en rectilínea curvatura.
suenan tus confines y me alzas
por tus precipicios y hendiduras.
Flor que se aparece en forma ambigua
y se incendia y es corola gigantezca.
para llorarte es que enterré los lutos
que se llevaron los aullidos del campo.
Ténue parpadeo, inteligencia íntegra
con apariencia de tigresa en su melena
y tus melenas me sirven y me cortan:
Tal como las rosaledas que me cubren
y me besan, milagro desmedido,
causal de esta locura en la que exhalo
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