Acicálate el rostro.
Vístete de luciérnagas:Que la memoria del mundo te recuerde cual eres:
Aquella que me salvó extraviado en la duda
quien recogió mis pasos por mengua trasnochados.
La que sació mi sed exprimiéndo sus pechos
y me envolvió en el eros nervioso de su melena.
La que vino en la ola mientras me avasallaban
y me dejó en la arena lamiéndome el insomnio
y sorbiéndo las languideces de mi boca
me despertó a la dulce bohemia de su mundo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario