Las plantas se esconden del ardor de la tempera
y el lienzo trata en vano de diluírse.El campo se trastorna ante el pincel nefasto
y está hecho de calcificaciónes y llamaradas.
El cosmos de hace del color que aparezca
y en sus límites trepan árboles nevados.
Se dibujan en rojo trapecios y rostros
pero la marea es fenomenal en sus bloques azules.
Palpita un jardín de verdes contrahechos
y la trementina corre devorando parajes.
Los tonos severos se hacen más fríos y desnutridos
bajo la mano trémula del pintor ignorante.
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