En el descampado posa la ramera:
Lleva una falda corta y un pañuelo de nudo.Es evasión de los lugartenientes
que se hartan de revolcarse con su esposa.
Sus ojos son gélidos como su alma
y anda templada en su grueso maquillaje.
Dice a los hombres lo que quieren oír.
La ramera parece calidez y por dentro es témpano.
Tiene como vicio escuchar retretas
y enjugar sus lágrimas junto con su ira.
La lamen los bedeles belicosos
y vende besos a los más obsesivos.
Dentro de si es una mujer
a la que se le ha olvidado cómo amar.
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