Conozco a una rubia platinada
que se atrevió a pedirme confesiones.Se vé que no conoce mi enormidad
ni el genio que sobre mi gravita.
El bardo no da explicaciones:
Simplemente va y conquista otra flor.
No es mi quietud doblegar mi rodilla
y abrir mi conciencia como abeto:
Que lo hagan otros badulaques,
que los hay a montón, como abedúles.
No es mi deber acogerme a sus normas
ni morder su muérdago con vehemencia.
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