sábado, 17 de octubre de 2026

Amor rubio

 Amor rubio

de veinticinco años, o menos.
Subes de mi cintura a mis ojos
incrustándote en mi piel tan curtida.
Amor de ojos claros y largos soliloquios
que soplas en mi boca la más tibia ventisca:
Eres aquello que pensé inalcanzable
después de transitar por quereres soéces.
¿ Qué viste en mí, particula de vida
para dejar los altares en que andaba tu ornato
y bajar a llenarme de sonrisas ligeras
como lo es tu cuerpo cuando llena la cama ?
Amor rubio: me creí siempre sólo
y que el mar de la historia me daría soledumbre.
Pero he aquí tus dientes en mi pecho
mientras cabalgo ya en mis treinta primaveras.
No apartes de mí la fruta de tu pómulo
pues quiero acariciarlos ante el lecho oceánico.

Que giran

   Vientos que giran en los descampados,

                                        vientos que hacen a las ramas cortesías: 
                                           bajan y ondulan sobre recios leños.
                                      Desgañitan los insectos que caen de Titania.
                                      Traen las lejanías y las las lanzan en lluvias:
                                       suben por las laderas, desgajando peñascos,
                                        derivan al sur aserrando molinos,
                                         increpan al norte con fuerte encrespamiento.
                                        Horadando las piedras y escarbando aguas
                                       suenan en intersticios en las horas tribales,
                                     cuando viene el instante en consterna el mundo
                                    a aquel solo que nunca superó sus zozobras. 

Tu talle somnoliento

 Me acerco a tu talle somnoliento.

Toco los foros de tu púbis.
Asciendo a ti cual espiral alada.
Mis manos actuales actúan en tu cuello
proporcionándote el solaz requerido.
Soy aquel que te espera luego de las mareas
y se duerme en tu apuesta cabellera.
Tus ojos buscan mis iniciales y temen
pero se calman al frotarte las sienes.
Nuestro lecho es de hojas de palmera
y cada mañana nos sirve sus cerezas.

Ya las constelaciones se abismaban ( Buen Poema )

 Ya las constelaciones se abismaban

        en los precipicios de mi mundo de carne.
      Iban rozando mi cuerpo con su lumbre,
       iban diseminando su calor en mis vértices.
   Los aros de Saturno vinieron a mi encuentro:
     Fobos y Deimos ansiaban desolarme
      mientras mi cuerpo huía de prodigios
         de la noche que me atrapaba entre ocasos.
     Me escondí detrás de una peña enhiesta
        buscando de eludirme de gruesos estertores.
    Entré a la gruta mental de mis oídos
       para cerrar sus puertas incipientes.
      Y apareciste como flor de niebla:
      envuelta en el blanco de tu alta morada.
    Mojaban tus labios unos frutos rupéstres
       que consumías desde antes de los siglos.
    Ante ti, se callaron las mareas
       y la noche se tornó en amanecida.
     Los astros se volvieron a sus sitios
     - llevando con ellos crueldad y satiriasis -
     Y te nombré renuevo, pámpano verde, salvadora
        mientras que te movías en tu verdad solícita.
     Fueron para ti, desde entonces, mis ojos
         y los latires vítreos que se desploman por mi sangre. 

 El viento tardío gira incompleto

golpeando sobre hojas y raíces.
Pasa serpeando por el sáuce llorón
que ríe de ver su mala cara.
El viento, con manos transparentes
arroja manotazos al pajar.
Está condenado a circular por siempre
y a estrellarse contra los muros musgosos.
A veces quisiera ser agua transparente
y cubrir el cuerpo de una dama beduína.
Pero está al tanto de su confinamiento
más siempre intenta anidar en tus rizos. 

El viento tardìo

 El viento tardío gira incompleto

golpeando sobre hojas y raíces.
Pasa serpeando por el sáuce llorón
que ríe de ver su mala cara.
El viento, con manos transparentes
arroja manotazos al pajar.
Está condenado a circular por siempre
y a estrellarse contra los muros musgosos.
A veces quisiera ser agua transparente
y cubrir el cuerpo de una dama beduína.
Pero está al tanto de su confinamiento
más siempre intenta anidar en tus rizos. 

Caras bellas

 Caras bellas, como de ángeles

vienen a mí en su noche de sueños:
Cada una me entrega una caricia,
cada una se deshace en un beso.
Yo las recibo con las manos abiertas
mientras me entregan su pubis aromático.
Caras  bellas de angeles a las que cabalgo
con toda la fuerza de mi virilidad.
En sus gemidos y sudores yo me pierdo
mientras lamo sus pechos y caderas.
No sé por qué todas van de tránsito
sólo sé que me aman como la esclava al amo.
Más, aún así, se pierden y no vuelven
mientras yo sigo sólo en la noche hemisférica. 

Baja el infinito

  Baja el infinito y se posa en tus dedos

                     y en secreto te besa la piel el Universo:
                     La creación entera bajo el arullo tuyo.
                     y a sus oídos dados cantas con paz y alma.
                     No se agota la gota de la que el prado baja.
                     Subsuelos y subcielos no pueden contenerte:
                     y el aire te coteja con ramos de mil brumas:
                     cual novio zalamero que te adula a lo largo
                     ancho y alto de la que no es vacío y brilla de delirio.
                     Humedades te cercan con cántaros de mimos. 
                     Y el magno unguento añora frotarte y regalársete.
                      Eres más que el milagro que crece de la nota.
                      Y no hay ya ningún bardo que trate de calcarte...
                      Tiemblas las rosaledas al notar tu arcoíris
                       y ese licor tan dulce creas en el vacío
                       y por tu cuerpo baja, sintetizando claves:
                       Tesoro que se encumbra encima las cosas
                       sinceras  y ligeras, amarradas al agua. 

La mariposa

 La mariposa vuela sobre los detalles

y se detiene ante los vientos contrarios.
Mira el bregar constante del sibarita:
La mariposa se describe hablando y es una palabra.
Es un don otorgado a los ojos austeros.
La mariposa vuela entre altibajos y máscaras
y seres de diversos biorritmos.
La mariposa se consolida en un abracadabra
y la asustan extrañas muecas y rápidos respiros.
Se posa entre los ceños transitados
y evita postulantes y diatribas.
Puede surgir de un artesonado
y es reina celebrada en los viñedos.
La mariposa es esperanza en la soledad desértica
y a veces reposa en las más bandidas
y les regala un fuerte sueño reparador.
La mariposa me despeja de dudas
cuando dejo las exclusas de mi ser material.

Todo se renueva

 Todo se renueva

             como un himno laureado
         que busca reconstruírse de sus semillas.
          Tu piel, de dos aguas tiznadas moja al mundo
          y da un calco de tus suaves matices.
          Te has inciado ya, más allá de la tierra,
          blanca,blanca, balquecina, como las columnas de plumas.
          Vienes como de un cielo constelado o un insinuación religiosa.
          Tu cuello es de cristal fino, de boscajes de diafanidades.
          En tus  hombros están tatuados bellos farallones líquidos
           y la paz certera del rompeolas se acredita lo dulce de tu frente.
           Como partiendo el mar en seis partes, te caminan océanos
           y la escritura del amor es indeleble en el follaje de tus senos.
           Ondulas en una roca pilimentada y vítrea,
            Ondulas en la movilidad de un mundo semi inquieto.
            Llevas la carga honrosa del amor a la vida.
            Los pájaros te cantan las canciones que compuso la rosa
            y, en una homilía de pétalos, danzan en la mañana.
            Tú lo renuevas todo con azulada tinta verde,
            sacando a retozar tu color y el aroma de tu flora.
            Tu espalda está nutrida por las sendas en que andan las melodías.
            Haces las cosas nuevas: mapamundis, plantas, arquitecturas
            y te vas como un velero, con tu feminidad hecha de sonrisas
            a bañarte en cascadas de ámbar y racimos de ríos,
            mientras el universo gira alrededor de tus costumbres y ritos. 

Detesto

 Detesto tu comportamiento irregular

y el naufragio que soltaste en mi memoria.
No llenas la medida de la hembra
por más que te digas crecida en un golfo.
Colmaste de insurreciones mis veladas
creyéndote yo paleta de tesoros.
No eras más que unos pasos de asno
un esperpento en la insensibilidad.
Quise ser un rey en tus puertas frías
pero salías y entrabas todo el tiempo.
Ahora me doy cuenta de mi imbecilidad
pues llevabas las agujetas que distinguen a las prostitutas de las santas.

Parda

 Parda de las manos a los pies.

Parda del ombligo a la cara.
Te manejas en las distenciones
con un aspecto disociativo.
Yo me abstengo de llevarte a mi boca
y servirte nuevamente de esclavo.
Sólo me acerco a tus arcos suaves
para ver la perfección que en ellos medran.
De ti tengo todas las reticencias
que da el huir de un cuerpo farragoso.
Eres potranca dinamitera
y explosiva y lesiva tu leyenda.

Parapetos

 Me escondo tras extraños parapetos

en un vasto orbe bilateral.
Leo lo que sea legible
con mis ojos en lógica cautela.
Es un amplio mundo de furia
donde no sobreviviría el más fuerte.
Es sonoro el color de las hoces
y por haces se dan los altercados.
Aquí no obra la diplomacia
y no valen las sesgadas coartadas.

Tengo

    Tengo manos asimétricas

              y desmantelo a la estrella
              que bebió hasta ser lasciva
              y a la belleza envenena:
              como un áspid encontrado
              en una grieta reseca...
                      Tan sola en su ataque deja
               venenos entre las yedras. 

Hablo

 Hablo de cosas que me han sido infámes:

Como retrotraídas de sus mundos a mi mundo.
Hablo de muchas decepciones impávidas
que, poco a poco, me hacen la camisa.
Hablo de éste pulóver de mentiras
en el que me han metido con el cuerpo maltrecho.
Hablo de la mala mirada en la esquina
que puede terminar en un beso de sangre.
Lanzo un hurrah por mi barbaridad
y por las turbulencias de los que andan en grey.
La maldad siempre habita a pocos pasos
y parece que estamos con ella en una eterna mora.

Dudaba

  Dudaba yo si eras intocable:

                Transparente, singular, extática,
                 bañada de luces y vislumbres,
                 con la luz rebozada goteando de tus muslos,
                 bajando a lo dorado de tu sombra ligera.
                 Inagotable en tus tobillos fríos....
                 Fueron tus formas verticales bahías.
                 Estremecida en el vaivén del pólen,
                 por más que eras elusiva un borde te tocaba 
                 una bruma exclusiva: sutil y forestada,
                 de caídas en deleite, de excelencia de gozo
                 y tus pluraridades vivían en lo excelso
                 y la holgura infinita de tu calor subía 
                 a la techumbre en gusto, aplacada en aromas.
                 Yo era una mirada sombreada de alfabetos:
                 un instante detrás del nombre del espejo....
                 Un vapor asignado a desmenuzar su flama.... 
                 Viendo tu lentitud y tus pluralidades,
                 sentí que lo espectral era en mí y que yo cabrilleaba
                 espiando tus prodigios ungidos de cerezo, y eras mermelada y caricia
                 en el espacio magno de tu frescura esbelta:
                 Poema esculpido entre plumas y espadas 
                 tejida con alumbres y sulfatos pictóricos.
                 Degustaba el placer de verte caer en flamas
                 y durmieras al aire con flechas sonreídas.
                 Estabamos tú y yo en lo extendido del cuarto iluminado:
            No me no notaron tus ojos de tigresa porque yo era poco y me escondí en mi celo 
               y caí resumiéndome en mi espalda de rayas, muy discreta, desecha en los azules
             que crea el aire líquido antes de prendarse de ti y entregarse en tus dedos:
             Me moví en mis apósitos y el claro de mis uñas a ver si te tocaba alguna deferencia.
      Sin infringir tu encanto de joya que demuele, pude rozar tu alma y fue pulsarla vibrátil:
       Te hacías de lo bello que anhelan las corolas y un nitrato de pieles descubrí en tu fondo.
          Amena y alhajada te vestías y tu solapa era estría de un espejo, caricia que enajena,
          agua tan diluída que quita la sed del mundo y revive al sediento en su fluidez de lluvia
         y entornada partiste del alba de mi asombro y tu hombro tenía el sabor que yo espero.