Quédate aquí junto a mí , avivando el presente.
Búscame con los ojos, con las manos encuentrame.toca, toca las ramas de mi sinceridad y la hallaras infinita.
Amistosa, extiende tus dedos de espléndida corola y siénteme calmado .
Lejos de todo ser complicado y herido me sentaré indefiniblemente manso.
Si tocas mis curtimientos, aunque sea desde lejos descubriras mareas carentes de revuelos.
Mayoritariamente remiendo las pautas malignas que acicatean oprobios.
Si decides anexarte a mi simplificada vida de fraternidad discreta,
verás que te acicalas de amor que no conociste en antiguas negativas
y que esclararecerías tus modos e indulgencias y te reconfortarías en lo que es encantorio
alcanzando a palpar las palomas de olivo que completan mis hombros
y las connotaciones de la que es traviesa arderían en tu piel de textura comestible
desatendiendo aquello que no hace virtuosa o no rocía afectos primorosos
Si me encuestras al lado de un vital equinoccio, evadiendo las rústicas espinas erradas del jadeo violento y me ves evitar sus ríos de amargura, entonces, desaprensivamente oye un ruego:
Coexiste conmigo y mis siete sentidos que exploran la belleza hasta su quintaesencia.
La ceguera que hace estremecerse todas las resilencias desaparecería cargando su aspereza
y la sátira brusca que siembran los profusos cobardes quemaría del todo su capote dañino.
Como los infecundos golpes que vanamente se apiñan y se alzan a derribar estrellas.
Como si los cometas constelados pudieran soltarse de sus embocaduras insaciables.
Asirías conmigo lo que credulamente pensaste eterno y de sustancia grávida,
y pondría en tu mochila seguridades amplias como lunas febriles que no caben en textos. con la paz específica de aquella que olvidó sus rupturas estrenando caminos de grama suavizada y respira de nuevo al vigor de la pandereta que musicaliza el paso de purezas en grana que retoma su forma de tendencia sagrada.
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