Aceptaste palpitar en las naranjas
y adoptar la forma de la uva.Querías ser espiga y rocío
pero me concediste convertirte en un fruto.
Te busqué entre granadas y toronjas
y percibí tus visos de entre las gladiolas.
Fue entonces que entendí que te hiciste mujer
y que me esperabas tendida en mi cama.
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