Te creíste territorio de nadie
y solitaria rambla abandonada al polvo.No habías mirado aún en tu entraña
allá donde Dios puso su aliento y firma.
Todos los elementos sabían que eras mía:
Desde los manantiales a los mares inhóspitos.
Todos percibían en ti mi fragancia
y mi olor, más precioso que el olor de las uvas.
Creíste que naciste para ver el despueblo
hasta que llegué en mis pasos muy fértiles.
Entonces reconociste mi tamborileo
y te fue revelado que siempre me esperaste.
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