Entre tanto lagrimeo imaginario
llego yo, con lágrimas reales:Mis llantos suelen ser colectivos
y lloro por mí y por otros tantos.
Vengo en la fina mustiedad
del hombre que se sabe destrozado.
Piso los precipicios de mi sombra
y todo dejo de mi ego destruído.
Y oro por que no me alcancen más pasiones
que me engañan con su tez de calidéces.
No quiero destacarme entre los parias
sólo llevar mi dolor de contrabando.
Y jamás ser custodio de la luna
que me ha apuñalado como a extraño celador.
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