En las fronteras de mi alma la palabra divaga. Donde lo ceniciento se transfigura en luz y el peso de las sombras se atrapa en la garganta, aletean las sílabas cómo rumor que pasa. Mariposas que, en su ligereza escritas ya descansan. Así mismas se arrullan con bisilabos y trisilabas vagas. En su sutil advenimiento tienen las ternuras que callas. Y el relámpago inmenso recorre calcinando el horizonte, que no percibe nada.
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