Veo los lóbulos pintados de una orejas
y espaldas casi hechas de cerigrafía.Veo a las muchachas tatuadas
desde su espina dorsal hasta el tobillo.
Es una forma de protesta algo insensata
pero comprensible en la rebeldía adolescente.
Algunos llevan aros en los hombros
y de ellos se guindan a fornidas cadenas.
Rapan sus cabezas con franco desespero
y visten sudaderas arrogantes.
Es la decadencia sincera de la sociedad.
Andan en motos envenenadas y rugientes.
Son legos, toscos, saludables y lozanos
y hablan con aspereza y vulgaridad a sus mayores.
Creen ser sabelotodos en su patética ignorancia.
Trazan símbolos de paz con sus frasquitos de compota:
Apenas han dejado pañales y tetinas.
Hablan abstractamente de la guerra,
esa que mata a los hombres concretos
y consumen ácidos endovenosos.
La juventud traza hoy temprano su cementerio:
Son como bufones de certera incertidumbre.
Rapean y se inventan en descarnada iracundia.
Y creen refulgir con la eficacia de los astros.
No son todos así, pero si un grupo considerable:
Llamitas que bailotean en su extremo acérrimo.
Se identifican con la extrema derecha y con el leninismo.
Juegan por igual a los dados, los bolos, la baraja.
Se deshacen en dichos y denuncias.
Muchos llevan ya sus herpes inguinales
contraídos en afanes incestuosos.
Para el adulto, son pequeñas moléculas sin meta
que se repiten entre lo desconocido y lo perdido.
No hay comentarios:
Publicar un comentario