viernes, 25 de septiembre de 2026

Mi Eva

 El día es un reflector callado

que alumbra.
En los confines renuentes
se consuma y madura.

El Sol
es una emoción en las primeras nociones.
Puntual, baja por mis manos
incinerando la sábana hiberniza
que nos cubre de las erosiones del viento.
A esta hora, en que nada se interpone
entre el mal y sus absoluciones
el mundo está cargado de caras y resabios.

Todo es un rasgo que se transfigura,
una zona nimia que se regenera.
Jardines difusos y aceras diminutas
reponen su forma ya ayer concebida.

El páramo huye y con él, su molicie
( lo noto con el tacto).
La materia de nuevo se extiende en sus honduras.

La madrugada nos deja una floreciente toronja
en este campamento que hicimos en medio de la cama.

Tenemos el hambre de criaturas aún en tumbos.
Con los ojos cerrados comimos tú, yo y el precario edredón
que usas como bata.
No me fue suficiente con tan poco alimento
y me diste a mordisquear las yemas de tus dedos.
La guerra de ayer fue guerra desalmada
en que aunamos tatuajes.
Desde mi boca rota a tus pechos rendidos
dejamos destrucción.

Paramos los relojes: Seres deseantes
y hablamos del animal que llevamos por dentro.

Ya a las ocho, respirabas apetito.
Ese sol que te quiere y al que tú adulas
dejó sobre la frazada tibia una caja de fresas:
La embocaste temprano.
Te las dí con mis uñas apenas se me despertaron
y besaste mis dedos incoherentes con la felicidad
de la que desayuna, dormida todavía.

Yo te miraba desde un latido estático:
consorte sin anillo
y tú me contestabas que te ensucié de besos.

Exudabas presencia y madrugada.
Eras como la primera mujer del horizonte,
como la primera presencia en un paraje.
Eras mi Eva vitalicia.

Jugueteamos hasta las diez y veinte, hora
en que una mariposa
que no lo era,
sino un recuerdo en esa forma
nos aleteó despacio...
Nos levantamos saciados.

Ya vestidos
en los labios del sol nos dividimos
para ser Uno Solo.

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