La rubia se pasea con su canasta.
Los cisnes ven caer sus delicados rulos:Llora por un amor imposible
pues no ha renunciado a padecer.
Las palmas la miran y palmean el horizonte
y los elementos se llenan de congoja.
Ha dejado su villa sin valía
para ir a sollozar al lago verde.
En el agua se retrata su mancebo
y él moja en ella su figura.
Le entregó una flor y una caracola
y diez indicios de promesas nonatas
que hoy la envuelven en un pálido dolor.
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