sábado, 26 de septiembre de 2026

Me echo al mundo

 Me echo al mundo

desde una esfera de cristal.
Lo veo como un borrador fantástico
tal como lo contemple en mis sueños.
Salté la talanquera del tiempo
abrí paréntesis que se mordían
y fresnos que se abrazaban ciegamente.
Veo un mundo bello y petulánte.
Menudo e histórico.
El firmamento inalterable
salvaguarda los párpados
de sueños renuentes y azarosos
y de los diversos géneros
de las malcriadas pesadillas.
Un golfo de sonatas
Canta con el vozarrón de Plácido Domingo...
Pero vienen los fantasmas a secuestrarlo
y con una rabia que suena a desprecio
ponen un tirro en sus manos y en sus gestos.
Camino un poco más y hago senda.
Veo salir la leche de las vacas y las cabras
pero no va a los niños si no pagan lo suficiente.
Nace el primer hijo de una sirena
pero tiene dos colas y su madre siente dolor.
Veo que ocurren bárbaras impiedades
pero la piedad no se ha marchitado del todo, todavía.
Hay ráfagas de viento que tumban los escombros
y casas completamente desgajadas, como cascarillas.
Contemplo también caudales de malicia
y que cualquier juramento se pone en entredicho:
Se ha perdido la confianza en la Palabra Humana.
Eso me molesta un poco
y me voy desanimando. Veo
que lo íntegro se va convirtiendo en lo inmoral
y la seriedad en libertinaje.
Me parece que algo subsiste de la cordialidad
pero frecuentemente es amena hipocresía.
Los hombres tienen varias caras según les convenga.
Veo tánganas furiosas entre prójimos
y las mentiras caen como puñales sobre vírgenes e iniciadas.
No puedo seguir así: Abro los ojos
y desvanezco el sopor que los acompaña.
Este sueño, como otros, terminó en desilusión.

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