El reloj va acortando la hora
y yo me siento perdido en un vahido.Los minutos marchan sobre mis ojos
y van atrofiando mis siete sentidos.
Mi cuerpo escaso una vez fue rijoso
y, alguna vez, me perdí en la penúmbra:
El tiempo no perdona a los indignos
ni a los dignos ni a los valerosos.
Corroe taguaras y maravillas
y arranca la rapidez de las gacelas.
Pasa sobre mí como árbitro inmenso
y se afirma en si mismo mientras me va mermando.
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