Conocí a una diabla cautelosa.
Quincenalmente se pintaba las canas.Se hacía pasar por risa tierna
y por pináculo de toda algarabía.
Albergaba en ella un extraño animal
que pedía sangre al arrastrarme a la cama.
Parecía hembra grácil y era aberración.
Su piel tenía el color casto del alabastro.
Le rezaba a un séquito de ángeles
pero no hallaron en ella mansedumbre.
Con sus labios llegó a humedecerme
y en furor ciego casi nos desmembramos.
Me deletreó la palabra " amarte "
y conjugóla en tiempos imposibles.
Una tarde me dejó en el olvido
y se perdió en su sombra imponderable.
El tiempo la irá desarticulando
pues tendió lazo a mis pies y a mi alma
y me obligó a quererla sin sentido.
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