Sol y sombra nos separan
en el momento desérticocuando ambos se maltratan.
Se dicen los impropierios
entre milongas salteadas.
Pero el tiempo las derriba,
pues de su infierno no escapa
ni los hijos de Perseo
ni la ninfa descansada...
Menos aún el mulato
que venden por dos centavos
en mercadillos abstractos
en calles que se han volteado
y son pistas boca abajo
que sólo toca la idea
de los que comemos fango.
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