miércoles, 23 de septiembre de 2026

Cuando el veneno

 Cuando el veneno pasa al alma

y nos deja totalmente mudos y desorientados
la paz muere desde adentro junto con sus raíces
e invaden unas resacas más fuertes que las del jeréz.
Una bruma del fondo nos nace y nos estigmatiza
y puede trepar a la boca algún sabor a venganza.
Es ahí cuando desconocemos que el mar es mar
y que los helechos nos miman y nos aman las praderas.
El veneno en el alma suele matarlo todo
y hacer que nuestra vista se nos torne viscosa.
Se suelta como río de múltiples gargantas
y hace que escupamos odios en las arenas.
No vemos lugar franco donde posar el paso
y cada constelación  parece que se mofara.
El odre del corazón supura allí maledicencias
pero puede quebrarse en su piel envejecida.
Parece entonces que los esqueletos de la naturaleza nos agraviaran
y que de todas partes nos lanzaran cuchillos y masas de pedernales.
Puede que nos recorra ahí la tinta de los más feroces moluscos
y quebremos los huesos del que llamábamos prójimo y vemos como enemigo.
Y deseemos apartarlo con la más mortífera arma
que se le ha dado al hombre de gritos agresivos:
Esta lengua que no tiene cabida en los cuerpos
y que está entre nosotros incendiándolo todo. 

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