Ven aquí y alborota, la palabra en mis labios.
Acércate a mi diestra y enciéndeme:Soy seco.
Navégame en las horas locas del plenilunio,
donde el silencio artero me quitara la boca.
Pon en mí tus encías y abastece al vacío
y convoca a la sangre que se perdió, extraviada,
entre arcos de bronce de una selva secreta,
plagada de estertores y sentencias apáticas.
Pon el ti mi mejilla y tus latidos dulces
y recréame dando aire en la nariz, resopla,
vivificando en mí al ser que que siempre de ti se antoja:
Cabal, caballeresco, de hábitos maleables.
Por ahora soy Gólem apagado a tu lado,
de arcilla somnolienta, sin hábitos ni forma.
Más en mis pensamientos más añejados tienes
la vida que deseo, apegada a tus manos.
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