El agua
envuelve mis manoscon querencias tempraneras
que me humectan de lejano.
Tu presencia me recubre
de cualquier acantilado
teñida por los abriles
que dan tus amores tácitos.
Tu sombra entra en mi sombra
y en la espesura, relumbras,
como tempestad de a diario.
Tu oscuridad amanece
en mi tórax desgarrado
y tu luz diáfana crece
en mi cuerpo fulminado
por esas exquisiteses
exudadas como mieles.
Y tu agua sana mis restos
diluido ante el portento,
de esa bruma anegada
donde velas mi mirada.
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