Mujer:
Recuéstateen la cama mineral a la que dí mis dedos.
Pon sobre mí tus desganados desgastes.
Mira las perlas magnas que embadurnan mis Manos
Flota y rota sobre tu piel encendida
de todas las imágenes que impregnara la luz.
Te veo gravitar a mi diestra y la alcoba se disuelve
y se reconstituye en mar acelerado de frágíl espuma tibia.
Todas las cosas te atisban desde los ángulos
y alborotos murmuran en tus valles del sur.
Terciopelo por piel y ojos alborozados acampando en su sueño.
Yo estoy acostado a tu costado y floto a la deriva en altas barcarolas,
y paso por los arcos de tus colinas primorosas
recogiendo diamantes que te brotan del púbis.
Los elementos se acercan a tu acendrada alcurnia,
como queriendo impregnarse en tu blancura general
más nunca alcanzarán las cimas de tu magnificencia ,
ni tu altura sensible de flor mimetizada en curvas y parajes.
El champán espumante espera le descorches y lo sorbas
con labios exquisitos y tus densas manías.
En el campo de tu ensueño te enraízas a cada corola
y en lo inmaculado eres, encima de la cama.
Los candíles anhelan tus adulados aceites:
Más no quieres despertar de esos tus sueños épicos.
Donde cada vocal se crece en crestas alegóricas,
escalando en las armonías de tu alma entregada
a un cielo que flamea ante tu fogosidad benigna.
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