Jamás
pretendí amartu dulce cuerpo de sal.
Pero en lo que vivo y siento
de querete estoy contento
como pájaro que entona
en su plumaje de olas.
Te ví y te quise: Lo siento
mi angelical tormento.
Y tu sonrisa rodea
mi rostro con tus arenas.
Camino en la potestad
del que muere por amar.
Y en tu vaivén te interrogo,
pues deslustras mis otoños:
Vas nivelando mi alma
con tus cinceles de calma.
Más del andén del olvido
revertirás mi camino.
Me hipnotisas con tu talle
de caderas oscilantes.
Y de tu vida levantas
los aromas que te entallan.
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