Es enorme el balbuceo
de esos lugares abyectosa los que huyera en mi infancia
de miserable rasero.
Ruín e infames mis palabras
desde que era pequeño.
Y no se minó mi orgullo
miserable en su desprecio
y en mí, se dinamitaban,
mis deplorables entrañan:
Allí supe que era mancha
que borrador no borrara.
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