Mi mano
trapa a tu manopara tomar tu descanso.
Y en tu palma caprichosa
se deslíe todo aroma.
Todo lo que vive y ríe
en tu mano se proyecta
sobre los planos mundanos
que vuelven ebria a la Tierra.
Más yo quedo en tu cenáculo
apologético y blanco.
Es serenísimo el cuenco
de tus manos, que yo bebo
como polizon travieso
ondulando en valle tierno
cual artrópodo pequeño.
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