Para ti, corazón frío, son mis pañuelos de olvido.
En tus manos fuí gallardo y varón justipreciado.
Te dí de mi gallardía y mi manantial de vida...
Y mis dedos se extendían en largas enredaderas
para tocarte sin tacto y rozar tus labios raudos
e hincarme en lo más húmedo de tus tréboles profundos.
En el aire me extendía con grácil algarabía.
y a los sonetos trazaba en los círculos del alba.
Fuí marea contenida, fuí erupción detenida en contención memorable
ante ti. hembra de altares con sesgos de mil vorágines.
Vibre cerca de tus bordes, comedidos y salobres.
Eras tolvanera recia, anclada en rara melena.
Soñé con los esponsales de los cuerpos siderales
y te quise, oh Caracola, cuando me rehuíste nerviosa.
Tragan distancias estancias de misterios que se alargan.
Más, dentro de mi sueño te espero, sea me des veneno o besos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario