Heme aquí, en el vaho del Oriente:
en vapores y hálitos y ruecas desgastadas.De todos los efluvios emancipados vengo
al jardín de corolas que de las ramas manan.
Orquestadas las rosas en su vaivén cinético
me siento a declamar mis mañas y manías.
El Cielo es sólo piélago distante de mis miembros.
Y el almácigo ténue me da color cobrizo.
Como todos los nómadas descanso algún momento:
Permitiendo a mi aljaba soñar con armonías...
Siderales quizás, y también solitarias.
Mi hogar es este, el mundo donde poso los ojos.
Yo ya quebré las lanzas que cargué sin motivo.
Y anacoreta fuí en cuevas refulgentes.
La frialdad de Príamo se hizo con mis muecas
y los vientos de odio que llegan de mañana.
Pero aquí me he echado sobre los intersticios
de mi figura vieja fisurada a distancia.
Entre la ambivalencia de todos los óxidos existo,
cual pétalo pequeño que de las flores, cae.
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