A contraluz comprendes la luz de mis señales.
Ves mi bien inherente, la paz en la que paso,la bahía de bondad que perfora mi cuerpo:
La cantata soñada que me entrega la Luna.
Lo que fué calmo en otros, fué más que calmo en mí.
Mis manos de cariño en añil se extendían sin añicos
a tu cuerpo sin años, de depurada aurora.
Tu torso sin mí era sombras y páramo que vaga
y no se diluía en deslustradas manos
más en mi eras fuego, trino de luces, besos:
La caricia exudada que permitió la luna.
Y la flor más rosada que permitiera el fuego.
Anclada entre navíos y arena sin bajeles
no eras sin tu sello de fulgurante aurora.
Yo presentí tu hambre en mil bahías vastas.
Buscabas mi epitelio y tórax de caminos.
Como a higuera silente fuí alcanzando tus frutos,
tus madejas, tus formas, la voz de tus oráculos.
Y a mi centro termal te conduje, dormida,
para que bien flotaras sobre mi plexo entero.
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