Y heme aquí en los antros del fuego
donde la malaria soñara ser malariau otra polivalente enfermedad que olvido.
Ictérico, fatal, veo cercano el árbol de la muerte
y sus muecas no escasas entre tamices secos.
Frutos que son podres conformados por lágrimas
invadidos por fiebres para nada alegóricas.
Manglar de desencanto en los parajes yermos
conmigo inhabitado, pues no respiro ni vivo.
Jamás pasó por esto el que raía sonetos
o viera minotauros engendrados por lunas:
Casa de los espectros y los desasosiegos.
Lugar de carestía que inmolaba a las lumbres.
Donde fuera el flemático devorado en lo ambiguo
de entidades malvadas que flotan en desaire.
De más está mover mis manos como áspas
pues mis fuerzas famélicas consumirá el flamígero
con la espada robada de jardines edénicos
donde se desarmara a dos lerdos querubes.
Todo es pesado y denso, cual red de telarañas.
Veo el espacio arder en puntillas simétricas,
y el sándalo no era aquí ni la molicie
ni el aloé curaba en ritos mañaneros.
Y heme aquí en el momento de mi mala prosodia
exigiendo al segundo que me creme más lento.
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