domingo, 30 de agosto de 2026

Antros de fuego

  Y heme aquí en los antros del fuego

       donde la malaria soñara ser malaria
      u otra polivalente enfermedad que olvido.
      Ictérico, fatal, veo cercano el árbol de la muerte
      y sus muecas no escasas entre tamices secos.
      Frutos que son podres conformados por lágrimas
     invadidos por fiebres para nada alegóricas.
     Manglar de desencanto en los parajes yermos
    conmigo inhabitado, pues no respiro ni vivo.
    Jamás pasó por esto el que raía sonetos
     o viera minotauros engendrados por lunas:
    Casa de los espectros y los desasosiegos.
    Lugar de carestía que inmolaba a las lumbres.
    Donde fuera el flemático devorado en lo ambiguo
    de entidades malvadas que flotan en desaire.
    De más está mover mis manos como áspas
   pues mis fuerzas famélicas consumirá el flamígero
   con la espada robada de jardines edénicos
  donde se desarmara a dos lerdos querubes.
   Todo es pesado y denso, cual red de telarañas.
   Veo el espacio arder en puntillas  simétricas,
   y el sándalo no era aquí ni la molicie
  ni el aloé curaba en ritos mañaneros. 
    Y heme aquí en el momento de mi mala prosodia
   exigiendo al segundo que me creme más lento. 

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