Caminas en el vaho
Caminas como traviesa
entre vapores y efluvios y no te mantienes densa.
Emanación de tu atmósfera en cada halo de lluvia:
Toda exaltación y aroma y belleza en cada hálito
donde lluves tan airosa: De las vaguadas te curtes
y entras al éter mío, con tus aureolas de aceite.
Pasa tus manos: Penetra las laderas de mi mente.
Poséeme con ténue pecho que se posa
en laberíntica sierpe.
Empápame, trepadora: Dáme tu piel y tu alcance
dáme el amor al que sabes entre centros esculpídos.
Devoráme en esa hora en que tus vaguadas frugales.
Haz de mí otro alimento, cómeme con lumbre y fuego
y que tu estruendo sobre mí cáiga disolviéndo mis palabras.
Dama de la noche en Luna, dama de tez constelada.
Cruza mi cuerpo: No es rubio cual tus trigales maduros.
Come, arterial, mi sangre. Dáme a beber tus detalles
en ésta noche nublada perfórame con tus copas,
tus marismas y tus trochas y tus sonrojadas hojas.
Y ese camino que lleva alturas de pasarela.
Pasa tu cuarzo y tu vidrio en mis vitrales sencillos.
Y quémame con el litio que me dieran por veneno los que no fueron amigos.
Vira sobre mí en tu aroma de muy sensitiva estola y anexióname tu ultraje
y anéxame ya a tu carne, para vivir en tus lares, hechos de sabor salvaje
al momento del ocaso, antes de apagar la tarde.
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