jueves, 27 de agosto de 2026

Se entramparon

  Se entramparon mis ojos cerca de tus molinos
       una tarde cualquiera pues siempre ando de tarde.
       Entre guindas, cerezas y frases flamboyantes.
       Vi tu ser coralino de blonda arquitectura.
        Eras la de cabellos rojos aromada de almizcle,
        la que vestía en holgura con clavel en la mano.
        La de cintura cóncava y algo orónda a veces.
        La que íba sembrando nardos sobre las nubes
        que abajo descendían para que las tocaras.
        En vapor existías y en vaho constelado.
        Las cosas te veían y dormían risueñas:
        Tu talle era de un humus que ni el Nilo tenía.
         Eras de Sol y nieve y belleza rupéstre:
         La razón de los trinos, la que mandaba al alba
         y traía la esencia del muérdago en sus besos.
         La de fina estructura que reconfiguraba al aire 
                   en su figura expresa, de vértigo absoluto.
        La que siempre miraba circundada de velos.
        La de colores altos y candores excelsos,
         sublimada por todos en su blancura crédula.
         La que suave me arreaba esbozando mis bridas
         y me llevaba a dédados de juvenil locura.
          La que tomó de mí los vestigios que quiso...
          La que juntó mis restos tan sólo por juntarlos.
          Esa que para mí es marfíl y gema y tesoro absoluto
          y siempre me redime de mis tormentos diarios.
          La que es suma de Océanos y prístina cascada.
          La colmada de amores que no pueden ser repetidos. 

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