Mi mano es una mano amiga,
extendida sobre espinos consumados:Trae a mí tu virginal belleza:
Adolescente tibia, enamorada
de la grandeza de su pelo y sus raíces,
con su reverbero de mil cielos.
Bruñida toda en su paso de nobleza
desplegada en el jardín petrificado.
Risueña, como la bruma que deseo
me enamore con su miel, de lado a lado.
Nacida de un terruño que fue hielo,
No te recortan los sauces la belleza.
Tu cuerpo de velámenes expresa
querer que lo recorra, de largo a largo.
Sudada como el mar en el vaivén del día,
eres nácar que se sabe nacarada.
Te hacen tutela los exudados cielos
y eres rareza que esclarece, paso a paso.
Remembranzas de refulgente reina tienes,
imbricada entre tus hojas que detonan
a lo incisivo de la calidez del paso.
mientras mis sienes se ven enajenadas
ante la convergencia de tus tules
y esa agua clara que compartes no despena
mis errores de amores ya abatidos.
Maciza, hipnótica en vesperal segundo
donde el crepúsculo ya es marchito y ya no traga
antiguo desliz en apática memoria.
Epicentro de mis quereres, eres,
y volcán de firmeza ante mi boca
sorbida antes por todos los infiernos.
Altisonánte tu pasar entre mis copas
de vidrios viejos y horas atrasadas.
Tintineo de todo tintineo,
muchacha alta en la que el musgo encuentro
en exquisito volúmen de extasiada.
Hinco mi forma y mi saber sin rostro
en ti: Revuelo en que mi miés retiene
algo de trigo y rayo almibarado.
Ser apegado a sus excelsas formas
que rehacen mi entender y mi capricho
que otrora fuera adulterado
cuando erraba con mis yerros mi destino,
por ti, nuevamente procreado
para intentar acceder hasta tu boca:
Lugar que sacia en que imagino, placeres
y plácemes enhorabuena sentenciados
al colocar ante ti mi mañosa boca rota
que tantos besos sin querer ha dado.
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