Jubilosa en las tardes
que rehace relámpagos:Desnudas tu grandeza
ante hielo mordiente:
Tu vientre y tus espaldas se han petrificado,
por lo que yo te auxilio hecho torrente y brumas
y una centella blanca que se anuda en tu pelo;
Mucho del cielo invoca exudando mi sangre, mis visos y mis córneas,
Y sobre los pináculos de cielos emotivos para no reduzcas tu color de violeta
y de camino largo que, sobre mi ser, se alarga¨:
La eternidd es de ambos porque nos prometimos
amor bajo las formas más firmes del copíhue.
Todo lo rezumamos, filtramos y escurrimos
en la tozuda ronda en que somos logrados.
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