Hay raíces en la mar
que llevan al marineroa dejar de navegar.
Que navegue el mundo entero
para esas raíces hallar:
Hermosas de pelo negro
y un pañuelo para atar
al navegante a su puesto
más allá del tajamar.
Y en las ventiscas orean
sus besos de rojo azar
azotando sus deseos
en tálamo epitelial.
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