De tiempo en tiempo piso toda hoja caída:
De abedules o árces o rojizas presencias,
crujen como ramitas por horas, disecadas:
Y no se ablandan solas por más fuerte que intento.
El cristal está roto y, fuera de él la ventana
desecha viejas flores y recuerdos flamígeros,
cuando fué ígnea la roca y el agua maltratada
con miradas de un fuego que se va incrementando.
He ahí mi cabaña de troncos derruídos,
que no visita el sueño pues siempre está de viaje.
Toco mi barba seca y siento mi inconsciencia
y el destartalamiento de todos mis mareos.
Y también se desmaya el Sol inconsistente,
quebradizo y maleable cual soledad que llega
con frágil desmemoria y ápices de herrumbre:
A la que siempre atrapa este bosque de piedra.
Débil y quebradizo como el más frágil endeble
me desdibuja el árbol de petulantes ramas,
y se borran las cuevas donde el Cují se esconde
al escuchar los trinos de esencias que no llegan.
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