Creo mundos magníficos
sobre tu piel de malva
y azabache muy lento
que agudo cuerpo esculpa.
Eres más que el follaje que entrampara al oprobio.
Eres manía y vértigo y lumbre sugestiva.
Si caes de mi lado me toma el desespero
del que ha perdido todo: Su cimiento y su copa.
Cuando te cristalizas en los vésperos verdes
eres lucero inmenso que corta mis palabras
y un amor incipiente que da fe a mi mundo
preciso y concluyente y tajante en sus borrascas.
Latido del latido que somete sin látigo.
Alto vestigio, cumbre de luz arracimada
y certero revuelo que en tules aparece
con armonía gallarda, sensorial, principesca
sobre los tiempos de la albaca cabalgas
arrastrando esmeraldas ya todo enternecidas.
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