Con pulimentos de cera relumbras en magna altura.
De los pies a la cabeza te bordan trenzas de seday mi virilidad se hinca en lo seroso de tus piernas.
Obnubilado me acerco a tus formas: Me embeleso
con ese manglar de furia fulgurante entre tus nieblas.
Corren ríos impecables en tus grutas minerales.
Alcanzo a entrever las simas y los deltas que cobijas
y la caída ondulante de dos senos en alcurnia.
Te haces de cantos graves y de himnos siderales
y las borrascas no opacan tu piel inmersa en la gracia
que no verá el pusilánime pues su vista fue cortada.
Más altiva que las rosas y o coros de mariposas
con pendulo de gardenia me arrastrarás a tus cuevas
donde se impondrá la norma de aquel que al amor retorna
y te trenzaré en mi cuerpo esculpiendo niños bellos
de los que las mieles salgan y sirvan su leche blanca
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