Bebí tu vino de encanto con sabor a corcho raro.
Quizá tragué ese veneno soporífero y escuetoen que una ponzoña vaga va oscureciendo las caras
de orfebres y patiquines con afeites y mohínes.
Con tus ademanes largos, apartaste de inmediato
al hechicero que medra cual polilla en tu madera.
Rayo de azabache eres en un reino de mujeres
de vasta coquetería y malas caritas frívolas
donde la rencilla es flema con flequillos que condena
a toda mujer de nombre a envidiarse hasta que muera.
No hay comentarios:
Publicar un comentario