para ti un Norte y un cintillo de calma.
Traigo lo que es hermoso de aquí a las antípodas,
y el Amor de lo bello que recogí temprano
apenas se cernía la hermosura en el Mundo.
Jamás me acercaría sin manos perfumadas
y dedos con caricias que resguardé entre bronces.
Voy por las acequías buscando lodo nuevo
para reconstruírme y Ser en lo agradable.
Eres Reina de todo porque reina naciste,
tan perdida y desnuda, cual niña primeriza,
de cielo floreciente y enamorada aurora:
Como lo jubiloso que busca su camino
y en ese hielo verde que alimenta palomas
ya te vas encontrando y aparece tu día
soltadas las campanas, de par en par riéntes.
Y se entierra el Oráculo, en demencias, perdido.
Más para ti esta copa plena de los Océanos
y el diamante sonriente que se enreda en tu sangre.
Más hollo mi capote y ahogo sus codicias
a la hora oficiosa en que llego, solícito,
saltando sortilegios, que embrujan mi caballo.
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