miércoles, 26 de agosto de 2026

Recuerdo

 Recuerdo que recuerdo mirarte sin miradas

  y sin mirar te amé como a nadie amaría.
  Eras copa de aroma y lo mejor de un Julio
   y ya eran desesperadas mis canciones erráticas.
   Esperaba en el cierzo la luz de mis zarzales,
   la sólida borrasca de un cuerpo que trajera
    fragilidad y calma y amor de mediodía,
    con cintura de niebla y flores desmedidas
    y lo mejor del campo que en mi pecho se arara
    apartado del sátiro que espanta a las palomas.
    De pronto, tu retrato fué sobre toda roca
    y las líneas del torso de calor bienvenido. 
    Estabas en la hoguera que entibia cereales
   y en la silueta tórrida de la bella entre olivos.
   Era tu reino amor de magna poesía:
   Eras lo que en la vida calmara más que el fuego
   en noches tiritantes con fríos excesivos:
   Oí la algazara dulce del agua el los meandros
   y los golfos de gotas en las que chapotearas
   boreal, alegrísima, bella centaura mía.
   Y fuí como la leña cuando te compartía
   mis nudos, los rigores que me diera el ocaso.
   Y la pizca de sangre que bebí de la rosa
   cuando agua faltara en el momento incierto. 
   Contestación tú eres de todas las plegarias:
   La que se extiende y borra mis vastos desatinos
   y se abre para mí como ser de querencias
   y amor mimetizado en todos los matices
               de mi vida intranquila. 

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