Recuerdo que recuerdo mirarte sin miradas
y sin mirar te amé como a nadie amaría.Eras copa de aroma y lo mejor de un Julio
y ya eran desesperadas mis canciones erráticas.
Esperaba en el cierzo la luz de mis zarzales,
la sólida borrasca de un cuerpo que trajera
fragilidad y calma y amor de mediodía,
con cintura de niebla y flores desmedidas
y lo mejor del campo que en mi pecho se arara
apartado del sátiro que espanta a las palomas.
De pronto, tu retrato fué sobre toda roca
y las líneas del torso de calor bienvenido.
Estabas en la hoguera que entibia cereales
y en la silueta tórrida de la bella entre olivos.
Era tu reino amor de magna poesía:
Eras lo que en la vida calmara más que el fuego
en noches tiritantes con fríos excesivos:
Oí la algazara dulce del agua el los meandros
y los golfos de gotas en las que chapotearas
boreal, alegrísima, bella centaura mía.
Y fuí como la leña cuando te compartía
mis nudos, los rigores que me diera el ocaso.
Y la pizca de sangre que bebí de la rosa
cuando agua faltara en el momento incierto.
Contestación tú eres de todas las plegarias:
La que se extiende y borra mis vastos desatinos
y se abre para mí como ser de querencias
y amor mimetizado en todos los matices
de mi vida intranquila.
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