Ráfagas de viento vejan
a mis humildes barandas,
Y a sus peldaños sin gloria.
sin brillo: Ya desgastadas.
Ráfaga que me golpea
tanto a mí como a mi casa:
Ambos somos bambalinas
y juncos a los que aplasta,
todo ventarrón molesto
que lanza sus cachetadas
a los de frágil bohío
y esqueleto desabrido
aguado, insulso e insipido
como lamento sin lágrimas.
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