Para tener la tierra tan sólo habrá que amarla:
Junto con sus polillas y métricas de arena.Saldrá el barbecho fuerte en primera estampida
al sentirse rociada por manos no contrahechas.
Se amará al jazmín que custodia a los robles
y las ramas dobladas que siempre se recrea
en nudillos que quieran amasarla del todo
y poner las semillas donde el truéno resuena.
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