Para que tú me ames
Amor, amiga mía, hermana de la vida.Es que vengo en las noches a tu pelo y tu espalda
y a todos los torrentes que hay en tus jardines
que ríen en la grandeza de habitar a tu lado.
Te quiero con firmeza, sin muecas en la boca,
sin el torcer de dientes que me cede el vinagre.
Y rechina tu cuello a mi caricia herbívora
que se calma en el yeso de tu larga columna.
Yo soy el prometido: El que besa silente.
El que no porta llagas y sustenta al delirio.
El que te amplió en su sangre para que maduraras:
El que te es suficiente y de eximia levadura.
Carezco del sudor en que padece un sueño
y soy el Paraíso que las reinas exigen.
Mírame: Soy de viento, de sal sin agonía,
aquel que es protagónico en las largas esperas
y que cerca de frutos tu cesta de membrillos.
El que no es petulante ni se hiela en las noches
del romance aromático que colma a los metales.
El que a diaro reparte un idilio abrasivo,
del que huyen las fieras en un helado otoño.
El que va alimentando tus páramos y rehace
su abrazo sobre sombras y deslices pequeños.
De popa a proa soy la nave que te espera
para que ambos rememos en los lagos de amores.
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