Para estrujarte niña, es que forjé tu cuerpo.
De hojas aromadas e ilímites matices.Más no usé ese hornillo que da vida a las dagas
ni el armatoste helénico que a la espada forja.
Sí usé los reductos donde el color respira
y se hace rubor rosáceo y renacientes alas.
Te hice de los muñones más tristes del olivo
y del amor del nardo que al fin se despertaba.
Y para que andarás junto a mí forjé columnas
que entrelazaban fuertes a mis brazos inversos.
Para ti preparados para ejercer de diana
cuando Artemisa y Eros te sintieran gran hembra
y lanzaras tus flechas a lo hondo de mi pecho.
Tan feliz y empapada como ser de leyenda.
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