Oye,
mira, disuelve,mi paz cauterizada, mi cincelado otoño.
Mis uñas: Largas ellas en mi larga memoria
rodeada por demencias, entre danzas de olvido.
La desmemoria pasa y muestra su cabeza.
Pero me encuentra aquí trivial, desaliñado,
ya bebiendo las aguas más puras de mi invierno.
Florecido en mi báculo, sentado en el terrado,
sin máscaras ni ropas espectrales de feria.
Tan sólo yo y mi gata ante el abismo calmo.
Gotea el aire denso sobre turbios laureles
mientras anudo Pléyades sueltas sobre los pinos.
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