Me descompongo
caigo asqueadoy más que áspero
con todos y conmigo mismo:
La náusea vital me acecha
me avizora y me vigila con un escrutar de espía.
Ya me cansan los palacios y su vigilia indiscreta.
Por dentro muere la letra, como muriera Castilla.
Ropas, humos y zapatos echaré en los suelos altos.
Sucede que me sucede vivir entre indiferentes.
Me toma el desasosiego con sus impulsos bisiestos.
Y también la noche es negra y alta como mis mareas.
En un chirrido me crispo y me desvio en vacíos.
Alguna vez ví a Altazor, cayendo como yo caigo
en las majestades huecas.
Gusano zarrapastroso que sólo devora sedas
y, de andrajosas resilencias.
No quiero sol ni camino sino espinita de espinos ser
bache entre los abrojos al que golpean los lirios.
Que las caléndulas vayan y las hieran mis borrascas.
Una vez fuí hombre entero que sostenía sus criterios
más ahora soy la niebla que se divide y se cerca.
Y en las celosías busco aquello en que me disipo.
Hay muerte de vida y rosas y enfangadas mariposas.
Y voy echando palabras a mi ataúd que es por cama.
Me sustento en el delirio y en mis venas hay conflictos
que no curan azucenas ni pastillitas de litio
pues es gran esquizofrenia me he vomitado a mi mismo
y agujeros en la tierra no quieren tapar mi afrenta.
Soy escozor a los lagos e irritación de lo vano.
Al fin desaparceré, sin corazón y sin pies.
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