Manos que son manos mías
calientes o sudorosas:
Manos que siempre retiran con rapidez cada sombra.
Todavía vivo atento a tí y a tu melodía
moviéndome hacia tu centro, terso como rosa mía.
Inasible candelero en las velas de tu cuerpo.
Frescura para mí frente, que en vejez se desvanece.
Pasa tu hora y me esculpe y eres pan para mi hambre.
El apremio que se asoma en delicadas corolas.
Sin horas me deshabitas y soy azogue y ceniza.
Eres breve tocata inmensa que me azora sin cadenas.
Y suspendo mi garganta en grandezas cuando pasas
estilizada y elíptica, con frondas que desatinan
a éstos los sentires míos que enmudecen en silencios
tras tus puntos suspensivos y tus ardores de fuego
pues es de flamas tu cuerpo.
Y flamígeros, mis dedos.
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