He muerto,
para mí fueron bajezas lo que concreto viví y dejé lejos.Y en éste seco mundo ardieron las grandezas
de los hombres en su casaca azul y precipicios
trajeados por la pólvora y el fuego
en un día sensiblemente quieto,
permeado por la mansalva de las balas,
más abundantes que los trajes perlados
de vasta sangre en sí desparramada:
Siempre es seguro morír, yo lo aseguro.
Echado de tu voz, irremediablemente quieto,
la sangre crecerá y serás olvido como yo ya lo era
un segundo después de haber nacido
en este mundo de guerras tan dispuestas
donde caer es el diario espectáculo que sigue a un adiós sin ósculo.
Brevemente existí, parado entre dos labios de camelias y asido de una tez dulcínea,
que luego me cambiaron por otros labios, algo más ténues y quizás más sinceros.
Maduré entre silencios inclementes y sobre mí se ataron yugos frágiles,
que tiernamente adoran las palomas y los riesgos del callado: En otras bocas
pude beber la abudancia de una carne, e igual me desgarró melancolía
rasgando desde adentro mis siempres rotas venas,
a las que llorarán hembras anónimas y simples
Viví y batallé y fué mi fruto el nombre de tu anónimo silencio.
La melodía de las notas supuestas, las olas de luz en que lucían bárbaras
las danzas de los torsos y la Nada
que sembrará en mí los orificios, para yacer desnudo en las bahías:
Todo cuerpo vacío, en claridades, que refulgen tras las sombras de mi féretro,
que reposa conmigo en transparencia.
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