Fuí al mar de los oprobios:
Caminé entre las cosas que no maravillaban.Íba erizado todo: Sin miel ni Primavera.
Fuí arrancando abrojos férreamente amarrados.
Y Bajé hasta el hemisferio gélido e intratatable
de donde nace la Encina ya hecha féretro inerte
Salté las caravanas de trampas y estropicios
que atrapan a las vidas de los incautos réprobos.
Desde lo inaccesible de la podre silvestre
apuntalé mis manos que no estaban lastradas
para lograr romper las fétidas marismas
y la maldad endógena en que calan sus infiernos:
Y todo ello lo hice para enterrar locuras y fallos abrasivos,
dejando las manías caer de sus moléculas, para salir librado
de éste sentir tan fiero y atigrado que me plena de odios
y con sus incisivos, no soltaba de noche....Y ya me destruía.
Más con dolor me libro de esta cruenta estructura
y logre ser lavado por la que amarme quiera
restaurarme del todo y de terribles caídas
donde en los lodazales fuí lo que era incómodo
y debe repararse con besos y mejillas
y versos inocentes que laven mis oídos,
enderezando pasos echados a la deriva
de lo que es manso y tierno y no tiene arrebatos.
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