Cansado escribo las palabras difíciles
que una vez fueran diáfanas y , quizá, deshinbidas.Comtemplo los ciclos de las brújulas, los vértices mañosos en los astros elípticos
y el crucigrama viejo desangrado en mi cama.
Y allí me siento añoso y echado a las sentinas
junto a huesos de alas mordidas por leopardos.
No hay la fuerza felíz en que una vez anduve: Sólo partes de tordos ya casi dilúidas
El color de mi sangre no rojéa la copa ni da ya muestras de garbo.
Soy como las esquinas malamente olvidadas y la cadena anciana a la que partió el salitre.
Aquello que se pierde con un suspiro efímero y termina por ser un punto postrimero.
Ahora echo de menos el sabor de la rúgula y los dientes perdidos que me quebró el pasado.
Y lo denso no bebo pues no es apetecible beber para ahogarse como sorbiendo Océanos.
Muy pequeño ya soy y de mínima estructura y el lobo ya me espera con todos sus colmillos.
Muy corta fué mi vida para medir mi tiempo y ya, cada segundo,me borro y disemino.
Tuve una juventud ya última y primera y sopesé a la rosa al calor de su sombra.
Y fué mi pecho fierro que retaba a los aires y desafiaba truénos.
Más ahora me doblo sobre mi sepultura,en un vaivén de acronimos que chillan en el aire:
Cayeron arandelas de mi silla mullida y se derribó el pendón que asomaba en mi ático.
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